12# Neuro Sales es real: el caso de mi banco de ranas y las primeras ventas

Un poco de fondo de mí mismo

Crecí en el centro de Barcelona al principio de mi carrera, de El Raval a El Born y luego los últimos años en Poblenou. Hoy el barrio del Borne es conocido como un lugar de moda y de visita obligada, pero durante mi infancia no fue tan idílico. Hubiera preferido andar en bicicleta por un pueblo o correr libremente por el campo, pero como tenía que quedarme en casa solía hacer cuentos.

Cuando tenía 6 años, abrí una tienda en mi habitación. Pasé varias horas preparándolo todo y bajé a tocar el timbre con emoción contenida. Mis abuelos vivían en el mismo edificio y ni mi hermana ni mis primos habían nacido todavía, por lo que yo era un niño bastante mimado en casa.

Cuando se abrió la puerta tiré de la mano de mi abuelo y le dije: “Tienes que subir a ver mi tienda, te va a encantar”.

había preparado carteles publicidad la tienda e hizo exhibir dibujos alrededor de la habitación para adornarla. Cuando entró mi abuelo, inspeccionó con calma mis muñecas en los muebles.

Me quedé callado y lo seguí como una sombra. De repente se detuvo y señaló con el dedo un objeto de cerámica.

-Vamos, que rana más bonita.

- ¿Derecha? es muy muy bonito

-No se, no se. ¿Qué tiene de especial? Véndemelo.

No era la primera vez que mi abuelo me ponía a prueba. Guardo grabaciones de videos caseros donde aparezco con 5 años jugando para crear concursos inventados. Los éxitos sumaron pesetas y los errores los restaba (1 peseta española hoy equivaldría a 0,006 céntimos de dólar).

Tomé la rana en mis manos y después de pensar en ella dije:

-Es muy especial porque no solo es una rana, es una alcancía! Además, es muy grande y lleva sombrero. Y cuando te canses de jugar con él, puedes guardar tu dinero dentro. Y también embellece una habitación. Siempre lo he tenido y me encanta. Y además… es mi favorito… Oh, espera, no sé si quiero venderlo más.

Mi abuelo sonrió y dijo: "¿Cuánto quieres por ella?"

Mentiría si dijera que recuerdo lo que le pedí y lo que me dio, pero fue mucho más de lo que esperaba. Fingí llevarme un par de pesetas como siempre hacíamos cuando jugábamos, pero tengo el vago recuerdo de una enorme moneda de 500.

Cuando me quitó la rana comencé a llorar y luego bajé a su casa pidiéndole que me la devolviera. Él dijo que no porque ya había encontrado un buen lugar para ella. “Una venta es una venta”.

¿Qué herramientas utilicé para vender?

  • Hice mi tienda fácil de encontrar (con los carteles).
  • Me encargué de la parte visual (con mis dibujos).
  • Comuniqué cómo era (describí sus características).
  • Le comuniqué para qué servía (hablé de sus ventajas y beneficios).
  • le dije a mi relación con el producto (narración - "mi favorito").

Pero sobre todo, yo mismo CREÍA en el producto. Esa fue la clave de la venta. Mientras discutía por qué debería comprarlo, me di cuenta de cómo valioso era.

¿Recuerdas que en el capítulo anterior te hablé de los “creyentes” según Kiyosaki? Bueno, graba esto para ti.

El primer creyente en su negocio debe ser USTED.

Y si vende el producto de otra persona (a través de redes de afiliación o distribución), es mejor que también crea en la marca para la que trabaja. De lo contrario, te convertirás en un mal vendedor y no podrás cautivar. Es decir, mantener a ese potencial cliente a tu lado en el tiempo.

Por cierto, hace poco encontré mi ranita-hucha en casa de mi abuelo y estábamos recordando el momento mágico de mi primera venta. Si tienes curiosidad por verlo, sígueme en Instagram (mi cuenta es @gabrielemusumecis) y búscalo entre las publicaciones de octubre de 2019.

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